domingo, 7 de junio de 2009

"Cuando el placer se convierte en dolor"



“El amor genuino es una expresión de productividad; implica cuidado, respecto responsabilidad y conocimiento. No es un afecto, en el sentido de ser afectados por alguien, sino un esfuerzo activo por el crecimiento y la felicidad de la persona amada que esta enraizado en nuestra capacidad de amar”.Erich Fromm
"Trauma"
48" x 54" Oil on Linen
Roswita Szyszka

En el I Congreso Iberoamericano de Avances en Sexología Clinica, realizado en Buenos Aires en el año 2007, el Dr. Ricardo Cavalcanti, Presidente de la Asociación Internacional de Sexología Médica expuso en su conferencia el tema: “Los médicos no le temen a la sangre. ¿Por qué le temen al sexo?” y la Lic. Josefina Rabinovich, Psicóloga y Sexóloga clinica disertó el tema: “Aspectos vinculares del trastorno del deseo sexual”. Muchas veces me pregunté por qué estas dos exposiciones fueron de alguna u otra manera las que más me impactaron ¿qué tenían en común?
Más tarde reflexionando sobre la frase: “Hacen falta dos para bailar el tango”, frase con que empezó su ponencia la Lic. Josefina Ravinovich, creo que encontré la respuesta, observé que esta no distaba mucho de lo expresado por el Dr. Cavalcanti. Ya que muchas veces observamos que el temor que tienen los médicos de hablar de sexo con sus pacientes imposibilita la sintonía del deseo del paciente con el deseo del médico, y como……..”hacen falta dos para bailar el tango” difícilmente en esa relación pueda darse un baile armónico.
Pero acá no termina esta reflexión sino que recién empieza; hay un punto central que los une a ambos, me refiero al impedimento de bailar armónicamente y este es el “miedo o temor”. ¿Miedo o temor a que? al sexo, dijo Cavalcanti y esto me hizo recordar a cuando yo comencé mi investigación sobre las adicciones sexuales, el primer texto que leí en castellano que hacia referencia a esto era un texto que hablaba de Anorexia sexual o Trastorno por aversión sexual como lo define el DSMIV o como fobias sexuales como comúnmente se las conoce, cuyo rasgo esencial es un temor desmedido e irracional a las experiencias sexuales y un deseo desmedido a evitarlas. Lo paradójico de esto fue ver como vivir el sexo en los extremos mediante manifestaciones o conductas diferentes tienen mucho más en común de lo que se piensa. Ambos extremos –el anoréxico y el adicto sexual- luchan contra un miedo desmedido a su propia sexualidad profundamente arraigado. Y por qué no entonces deducir que el médico también teme no solo a tocar el tema de sexo con su paciente sino también a su propia sexualidad.
Las personas pueden ser sorprendentemente distintas en la forma de manifestar su sexualidad. Existe una tremenda diversidad en las expresiones sexuales. Cuando al sexólogo Alfred Kinsey se le preguntó una vez que él consideraba anormal, el respondió: ¡Cualquier cosa que usted no pueda hacer!

Se sabe que el deseo sexual humano es un continuo que va desde el deseo sexual hiperactivo a los trastornos fóbicos del deseo sexual. Helen Kaplan nos habla de un continuo hipotético de seis categorías, en las cuales el deseo sexual hiperactivo ocupa el punto más alto de la curva, y la aversión sexual, el más bajo. Estas serían las siguientes:
1. Deseo sexual hiperactivo (adicción sexual, ninfomanía, donjuanismo): Deseo sexual y fantasías intensas, espontáneas, conducta sexual compulsiva, alta frecuencia, control inadecuado de los impulsos sexuales.
2. Deseo sexual de alto a normal: Deseo sexual y fantasía espontáneos, conducta sexual preactiva, funcionamiento sexual normal, alta frecuencia.
3. Deseo sexual de bajo a normal: Deseo sexual o fantasía no espontáneos, conducta sexual reactiva, funcionamiento sexual normal, frecuencia averiada o baja.
4. Deseo sexual hipoactivo medio: Deseo sexual o fantasía no espontáneos, evitación sexual, funcionamiento sexual pobre, frecuencia baja, dolor.
5. Severo deseo sexual hipoactivo: Deseo sexual o fantasía no espontáneos, evitación sexual, funcionamiento sexual pobre, frecuencia muy baja o celibato, dolor.
6. Trastornos fóbicos del deseo sexual: Activa aversión y/o evitación fóbica, frecuencia muy baja o celibato, dolor.

Si bien hay una serie de factores físicos y sociales que pueden llevar a una persona a padecer estos trastornos no es intención en este trabajo referirme a ellos. La idea es hacer solo una pequeña correlación entre la anorexia sexual o aversión al sexo, la adicción sexual y de cómo el placer sexual puede convertirse en dolor.
Comúnmente la aversión al sexo se lo conoce como fobia sexual y al severo deseo sexual hipoactivo como Anorexia sexual, particularmente adhiero más al concepto de Anorexia sexual para los tres últimas categorías, tanto al trastorno del deseo sexual hipoactivo como aquel deseo sexual totalmente aversivo. Debido a que diversas corrientes asimilan la privación sexual, a privarse de alimento y verlo más como un estado obsesivo cuya disposición física, mental y emocional para evitar el sexo domina sus vidas. Donde subyace mucho más que miedos.
La palabra anorexia proviene de la palabra griega orexis que significa apetito. An-orexis significa la negación del apetito. Muchos profesionales han observado que la anorexia alimenticia y la anorexia sexual comparten características comunes . En ambos casos el paciente se mata de hambre en medio de la abundancia. Ambos comparten el odio extremo al propio yo y un sentido profundo de alienación. Pero mientras el anoréxico alimenticio está obsesionado por negarse el alimento físico, el anoréxico sexual centra su ansiedad en el sexo.
Lo que experimenta el anoréxico sexual es:
1. miedo al placer sexual
2. miedo al contacto sexual
3. obsesión y extrema vigilancia con respecto a los asuntos sexuales
4. necesidad de evitar cualquier cosa relacionada con el sexo
5. preocupación por la actividad sexual de los demás
6. aborrecimiento de las funciones corporales
7. percepción distorsionada de su imagen corporal
8. actitudes rígidas y enjuiciadoras sobre conductas sexuales
9. temor excesivo por las ITS
10. vergüenza y aborrecimiento por las experiencias sexuales propias
11. depresión y angustia por su propia adecuación y funcionamiento sexual
12. necesidad de evitar la intimidad a causa del miedo sexual
13. conductas autodestructivas para limitar, detener o evitar el sexo

Las causa puede deberse tanto a traumas físicos concretos, como a traumas psíquicos, como incestos, abusos o violación sexual, o bien ser consecuencia de un ambiente familiar muy represivo, potenciado o no por una formación religiosa ordoxa y rígida, o bien haberse iniciado tras unos primeros intentos de coito que produjeron dispareumia. Donde aún desaparecida la dispauremia, permanece el dolor. Puede haber también una aversión sexual situacional o interpersonal. El psicólogo-sexólogo Xud Zubieta dice que lo más común es que responda a pensamientos irracionales, que carecen de lógica científica. Estos pensamientos son los que determinan los síntomas de la aversión y/o deseo sexual hipoactivo grave, que pueden provocar depresión, ansiedad o crisis de angustia en el momento de enfrentarse a una situación relacionada con el sexo.
Como rasgo esencial de la aversión al sexo y/o al deseo sexual hipoactivo grave, podemos destacar que dentro del temor desmedido e irracional a las experiencias sexuales subyace un deseo compulsivo de evitarlas. Este miedo abarca desde el hecho de ser vistos desnudos hasta el rechazo al contacto con el semen, la masturbación, el sexo oral y la penetración. Puede llegar a ser tan extremo que una persona puede permanecer virgen toda la vida, o que una pareja no llegue a consumar su unión coital.
Estas personas actúan como un sistema cerrado, resistiendo y evitando todo lo que tenga conexión con el sexo. El sexo se convierte entonces en su enemigo. Donde el mundo interior del anoréxico sexual se mantiene sobre cinco pilares:
1. Mantenimiento del control: mediante no mezclar nunca intimidad con sexualidad, negarse a tener orgasmos, rechazo de todo recuerdo o sentimiento doloroso, control sobre su pareja y/o familia, resistencia al cambio, autoestima fortalecida solo en el control extremo. Prevalencia de la mente sobre el sentir corporal con impedimento de todo tipo de placer corporal.
2. Creencias esenciales sobre su Yo: considerarse una persona mala o indigna, que nadie podrá amarla si se muestra como es, que sus necesidades nunca podrán ser satisfechas si depende de los demás y que el sexo es su necesidad más aterradora.
3. Rabia por uno mismo y por los demás: Creencia esencial de no ser merecedor y digno de ser amado. La creencia de ser autosuficiente crea resentimiento hacia los demás, rabia, con reacción pasivo-agresiva hacia la pareja.
4. El miedo al sexo y a la intimidad: miedo a ser vulnerable, a la satisfacción sexual, a la inadecuación y al rechazo, miedo a defraudar a los demás y no cubrir las expectativas, miedo a revivir un trauma. Miedo a sus necesidades sexuales.
5. Juicio distorsionado: Negación del problema, minimización, engaño, culpa. Las distorsiones pueden ser: que cualquier cosa erótica sea amenazante, el que vive su sexualidad esta fuera de control por lo tanto es inmoral o ruin, cualquier iniciativa sexual de la pareja es explotadora o solo en provecho propio, cualquier tema sexual es sospechoso.

Se puede observar que tanto los anoréxicos sexuales como los adictos sexuales se sienten impotentes frente a su deseo, en ese sentido los sentimientos de los anoréxicos no son diferentes de los sentimientos de excitación sexual no deseados por el adicto sexual. Ambos se caracterizan por el pensamiento engañoso que los sostiene y los mantiene en repetir siempre lo mismo, ambos mantienen un secreto, ambos están obsesionados con el sexo. Ambos sufren, en ambos el placer sexual se convierte en dolor, uno por no poder parar y otro por no poder acceder, en uno el “acting-out” y en el otro el “acting-in”.

Para que se pueda producir un cambio en este sistema de creencias, debemos comprender como funciona ese sistema y a igual que en un sistema informatizado debemos cambiar la programación. Tanto la anorexia como la adicción sexual son fenómenos predecibles, repetitivos y resistentes al cambio, cuanto más tratan de parar los adictos, tanto más pierden el control. Cuanto más tratan los anoréxicos de hacer que el sexo funcione para ellos, tanto más difícil le resulta.
Pero sabemos que el cambio significativo solo se produce si hay un cambio de paradigma. Este sistema de creencias en que se sostiene deberá entonces ser reconstruido, mediante reestructuraciones cognitivas, trabajos de trauma y desensibilización sistemática, exploración de su sexualidad, a veces acompañados por alguna medicación cuando la situación lo amerite. Pero por sobre todas las cosas la vivencia de una sexualidad sana cuyas dimensiones podrían abarcar las siguientes:
• Alimentar la capacidad para recibir afecto de los demás y cuidarse uno mismo
• Percibir y atender la sensualidad, explorando lo físico, lo emocional, lo intelectual y lo espiritual.
• Autopercepción positiva y no distorsionada de la imagen corporal
• Conocimiento de uno mismo de nuestras fortalezas y debilidades y de la capacidad para establecer fronteras y expresar necesidades
• Capacidad para sentirse cómodo con uno mismo y con los demás, en la intimidad y en toda relación sexual
• Conocimiento sobre el sexo en general y de los propios patrones sexuales
• Capacidad de mantener una relación interdependiente e igualitaria que sea intima y erótica.
• Capacidad para expresar emocional y físicamente el deseo erótico extragenitalmente
• Capacidad para expresar emocional y físicamente el deseo erótico genitalmente.
• Capacidad para conectar el deseo sexual, el significado de nuestras vidas y su valor espiritual
• Capacidad para expresar pasión, sentimientos profundos de deseo

Llegado a este punto y cerrando este pequeño desarrollo, también podemos hacer aquí la nuevamente correlación con la conferencia del Dr. Cavalcanti “Si los médicos no le temen a la sangre, ¿por qué le temen al sexo?” y la respuesta una vez más esta centrada en el miedo, miedo de no poder. No poder ayudar al paciente hacer el cambio de paradigma, porque él mismo se encuentra en un sistema cerrado y como ya sabemos si su propio sistema de creencias se encuentra cerrado difícilmente se podrá ayudar al paciente a transitar el camino hacia una sexualidad sana.

En el texto "Les problèmes de la culture. Un débat" Foucault-Preti34 (1972) se le pregunta a Foucault lo siguiente: ¿Cuál es el interés de usted por un escritor como Sade? ¿Quizás pueda ser a causa de la disolución del yo o por un aspecto particular del erotismo, o esa suerte de combinatoria algebraica que asume en sus obras? Foucault responde: el gran intento de Sade, con todo aquello que puede tener de patético, reside en el hecho de introducir el desorden del deseo en un mundo dominado por el orden y por la clasificación.
Esta respuesta encierra a modo de conclusión lo hasta aquí expuesto ¿Por qué, no es acaso el desorden del deseo sexual la manifestación del temor a ser dominado por una pérdida de control de nuestro orden interno?
Tanto la aversión sexual, como el deseo sexual hipoactivo severo, como el deseo sexual hiperactivo y el temor a hablar de sexo de los médicos, encierran el terror a perder el control. Perder el control en un mundo dominado por el orden impuesto es caótico para cualquier ser humano.
La clasificación sistemática, el orden riguroso, hasta a veces extremo, inunda las obras de algunos médicos (y no médicos) insertos en un pensamiento positivista y reduccionista. Sabemos que el camino que conduce al equilibrio termodinámico o hacia la entropía máxima es un camino hacia la desorganización o el desorden progresivo que nos lleva luego a un nuevo orden, siempre y cuando el sistema permanezca abierto.
Por eso nunca más cierto las palabras de la Lic. Rabinovich: “Los procesos circulares constituyen el interés central de la cibernética, en la cual innumerables elementos de un sistema son recíprocamente contingentes e influyen sus conductas entre sí de una manera compleja. Muchos fenómenos sólo pueden explicarse haciendo referencia a la contingencia recíproca de diferentes variables” .
No dejar ninguna variable afuera es ver al hombre en su integridad plena física, psíquica, social y espiritual y de eso se trata esto, es ver al hombre en su dimensión trascendental y paro esto “hacen faltan dos para bailar el tango” y varias parejas más para que continúe el baile.

BIBLIOGRAFIA
1. Carnes, Patrick “Anorexia Sexual” Ed. Vergara. Bs. As. (2001)
2. DSMIV “Manual de diagnotisco y estadística de los trastornos mentales”. 4ta. Ed. American Psychiatric Association, Washington DC (1994)
3. Fromm Erich “Man for himself, an inquiry into the psychology of ethics” Rinehart and Company, New York, Toronto (1947)
4. Gindin, León R. “La Nueva sexualidad del varón” Ed. Norma. Buenos Aires (2005)
5. G. Preti, recueilli par M. Dzieduszycki ; trad. A. Ghizzardi), « I problemi della cultura. Un dibattito Foucault- Preti » (« les problèmes de la culture. Un débat Foucault-Preti » ; entretien avec Il Bimestre, No. 22-23, septembre-décembre 1972. p. 1-4. Foucault, M. Dits et écrits. 1970-1975. Tomo II. Paris, Gallimard, 1994, p. 369-380.
6. Kaplan Singer, Helen; “Los trastornos del deseo sexual” Brunner/Mazel, Nueva York (1995)
7. Kinsey, Alfred “Comportamiento Sexual del Hombre” Philadelphia W.B.Saunders. (1948)
8. R. Hardman y D. Gardner “Anorexia sexual; una mirada al deseo sexual inhibido” Journal of Sex Education and Therapy 12(1), pp.55-59
9. Simon F. B., Stierlin H. y Wynne L. C., Vocabulario de terapia familiar. Bs. As., Editorial Gedisa. (1988).
10. Sapetti Adrián. “Los senderos masculinos del placer” Ed. Galerna Bs. As. (2006)
11. Von Bertalanffy, Ludwig. “Teoría General de Sistemas”. Petrópolis, Vozes. (1976).
12. Watzlawick, P., Weakland J. y Fisch, R,. “Cambio. Formación y solución de los problemas humanos”. Barcelona, Herder. (1976).

Páginas de internet

www.sexovida.com/publicaciones/articulos/fobias.htm

www.consumer.es/web/es/salud/psicología

www.abcsexologia.com/article60.html

lunes, 20 de octubre de 2008

“La Casa sobre la Roca como Gozo de Alcoba”

“Asexual Symmetry” (48" x 60" oil on canvas)
Roswita Szyszka

“El hombre sobrevive a los terremotos, a las epidemias, a los horrores de la enfermedad y a todas las agonías del alma, sin embargo la mayor tragedia de todos los tiempos fue, es y será la tragedia del dormitorio”.

León Tolstoi

Sabemos que la sexualidad es una dimensión cambiante y dinámica de la sociedad, que se construye a través de la interacción entre los individuos y las estructuras sociales. También sabemos que el placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es una fuente de bienestar físico, psicológico e intelectual que asociado a una experiencia libre de conflictos, de ansiedades y de temores permite al hombre su desarrollo personal y social.

Es derecho y también obligación que las sociedades contribuyan a crear estas condiciones necesarias para satisfacer estas necesidades para el desarrollo pleno de los individuos, respetando sus derechos sexuales.

Hay un derecho en particular, que quiero aquí hacer mención, el derecho a la privacidad, que implica poder ejercer la capacidad de realizar decisiones autónomas acerca de la vida sexual dentro de un contexto de ética personal y social. Derecho muchas veces limitado desde lo social, cultural, económico y políticas públicas que privilegian el bienestar individual de unos pocos, sobre el social.

En la película el “Chacotero Sentimental”, película dirigida por Cristián Galaz, comedia chilena en la que un joven y excéntrico locutor de radio conduce un exitoso programa donde los oyentes cuentan sus historias cargadas de enredos, conflictos y disputas, conducido por "El Rumpy" (Roberto Artiagoitía) surgen tres historias: Patas Negras (comedia), Secretos (drama) y Todo es Cancha (tragicomedia). Si bien las tres tienen diversas temáticas sexuales, la última: “Todo es cancha” nos presenta el drama del hacinamiento que sufre la gran mayoría de la población que vive (o malvive) en los cordones suburbanos de las grandes ciudades (en este caso una ciudad chilena, pero bien podría ser cualquier ciudad de Sudamérica), que ve su privacidad sexual desbordada constantemente por la presión colectiva del fisgoneo involuntario, impuesta por la carencia de espacio en las precarias viviendas que, paradójicamente, son tituladas como sociales.

Esta es una realidad que muy pocas veces se toca debido a que pareciera ser que el sexo es menos importante que otras cosas, cosa que ya sabemos que no es verdad, aunque de eso no se hable.

En este tercer relato de “Todo es Cancha” un matrimonio joven que tiene tres hijos pequeños, por problemas de dinero, deben vivir en el hogar de sus padres, un estrecho departamento en una población marginal. Su privacidad se resiente, porque es imposible mantener una relación sexual normal y placentera en esas condiciones. La búsqueda de solución a esto origina problemas y también momentos de buena comedia popular, al estilo de las famosas peripecias de las películas italianas, que se hicieron famosas en las décadas del 50 y 60 del siglo pasado.

Foucault (1976) nos dice que “si observamos el discurso social que heredamos podemos ver que tanto en el espacio social como en el corazón de cada hogar existe un único lugar de sexualidad reconocida, utilitaria y fecunda: la alcoba de los padres. El resto tiende a esfumarse, a volverse oscuro, a mantenerse en las sombras; la conveniencia de las actitudes esquiva los cuerpos, la decencia de las palabras blanquea los discursos. Y el estéril, si insiste y se muestra demasiado, vira a lo anormal, en consecuencia recibirá la condición de tal y deberá pagar las correspondientes sanciones”.

“El burdel y el manicomio son esos lugares de tolerancia donde la prostituta, el cliente, el rufián, el psiquiatra y sus “histéricos” parecen haber hecho pasar subrepticiamente el placer que no se menciona al orden de las cosas que se contabilizan; las palabras y los gestos, autorizados entonces en sordina, se intercambian al precio fuerte. Únicamente allí el sexo salvaje tendría derecho a formas de lo real, pero fuertemente insularizadas, y a tipos de discursos clandestinos, circunscritos, cifrados. En todos los demás lugares el puritanismo moderno habría impuesto su triple decreto de prohibición, inexistencia y mutismo” (Foucault, 1976)

Escalante Gonzalvo (2004 ) nos habla de que “lo privado no quiere decir secreto, ni lo público no quiere decir abierto” que a la condición humana se le ha dado la conciencia y la voluntad pero para eso es indispensable hacer uso de su libertad Pero también para esto es indispensable poner límites a la intervención de cualquier autoridad, sea la del gobierno, la de las iglesias o incluso de la misma familia: separando un ámbito privado para proteger la libertad personal, como rasgo indispensable de la dignidad humana.

Cuando se trata de modificar los límites de lo privado, lo primero que se discute, aunque sea de modo implícito, es el contenido concreto de la dignidad, a partir de la idea que nos hemos hecho de ella: se trata de definir el espacio de libertad que necesita una persona para llevar una vida digna, autónoma.

En la actualidad se tiende a dar un significado mucho más restringido a la privacidad, que no se refiere a todos los campos de la actividad privada, libres de interferencia, sino estrictamente a los asuntos más íntimos y personales. De hecho, se usa la palabra privacidad como sinónimo de intimidad.

Nos resalta Escalante Gonzalvo que privacidad e intimidad parecen significar lo mismo, pero lo que cambia es el punto de vista desde el que se mira. Cuando se habla hoy en día de proteger la privacidad se entiende que se trata sobre todo de la vida familiar, el hogar, las relaciones de amistad, las relaciones sexuales, las conversaciones y la correspondencia, es decir: todo lo que hacemos fuera de la mirada pública; también se entiende que la amenaza proviene no sólo de la autoridad, sino de los medios de comunicación masiva. Se vulnera nuestra intimidad cuando se hace del conocimiento público, mediante la prensa, la radio, la televisión. Si es posible un poco más de precisión, aunque sea con un artificio, podríamos decir que la definición de lo privado es objetiva, mientras que la definición de lo íntimo es relativa, se refiere al círculo de gente que de manera natural pueden saber de nuestra vida privada, en cualquier aspecto. Como “libertad negativa”, es decir, la ausencia de obstáculos o coacciones para que cada persona pueda obrar como mejor le parezca.

El matrimonio corresponde sin duda a la esfera privada, como la vida familiar en general; no obstante, se formaliza ante un juez y es un dato que se requiere en toda clase de documentos, lo mismo que se requiere la inscripción de los hijos en el Registro Civil. En cambio, el vínculo afectivo en sí, la vida sexual, lo que uno siente, el modo en que se organiza la vida cotidiana, todo eso es íntimo, no tiene por qué saberlo nadie.

“La protección de la vida privada y la protección de la intimidad son necesarias como estructura del orden jurídico y como garantía de respeto de la dignidad personal” (Escalante Gonzalvo, 2004).

Para esto la casa, la vivienda, la morada, expresan el lugar para vivir o habitar, que nos permite la protección de nuestra vida privada y la protección de la intimidad.

Habitación es la acción de habitar y designa a cualquier aposento de la morada. ¿Qué es y qué ha sido la casa? Residencia, refugio, habitación, propiedad, afecto; un lugar que organiza simbólica y territorialmente a las familias……. se puede decir mucho más; pero lo es cierto es que la idea de casa ha ido transformándose a lo largo de los siglos en interrelación con los cambios culturales, políticos, económicos, sociales, acompañando el cómo vivir de cada momento histórico. La casa es, tradicionalmente, el ámbito de lo doméstico y lo privado pero ¿cómo se relaciona con el afuera, con lo social?

Thébert (1990) dice que la naturaleza de lo privado es específica de cada sociedad, y tanto lo público como lo privado se encuadran igualmente dentro de la dimensión social, y considera la vivienda privada como un ámbito social esencial. Para Michelle Perrot (1990) la casa es el “teatro de la vida privada, y de los aprendizajes más personales, ambiente obligado de los recuerdos de la niñez, la casa es el lugar de una memoria fundamental que nuestra imaginación habita para siempre”

La casa tiene una connotación material, mientras que el hogar hace referencia a contenidos simbólicos, sociales, afectivos. Hogar para nosotros designa el fuego que mantiene el interior de la casa: templa ambientes, prepara alimentos y reúne a sus habitantes.

En la edad media prácticamente no se tenía la idea de casa y familia como algo privado, los adelantos técnicos, como norias, molinos no eran lo más común para la mayoría de la gente. La casa burguesa del siglo XIV tenía el taller en la planta baja y la vivienda en la planta alta, donde sólo existía una cámara en la que se cocinaba, se dormía, se recibía. Los muebles eran mínimos y muchas veces con múltiples funciones.

Una casa medieval podía estar adornada con tapices y estar al mismo tiempo mal calentada, la gente podría ir lujosamente vestida, intercambiar complicados saludos y después sentarse en bancos incómodos y dormir tres en una cama sin preocuparse por la intimidad. La vida era algo público, la autoconciencia prácticamente no existía, lo privado no existía; El bienestar consistía en lo externo, más en la forma que en las sensaciones y percepciones íntimas y personales.

En el Siglo XVI era raro que alguien tuviera una habitación sólo para él. Las casas tenían sólo una chimenea o una cocina en la habitación principal y el resto de la casa estaba sin calentar. El ropaje no era cuestión de moda sino de térmica, las casas estaban llenas de gente.

A finales de la edad media estas condiciones fueron cambiando, la conciencia individual fue apareciendo y con ello una idea distinta del hábitat, en donde se buscaba lo íntimo, el desarrollo de lo individual, lo privado y lo familiar.

Nos dice Miguel Arroyo (2003) que para nosotros los occidentales, el lecho donde dormimos se ha convertido en uno de los ámbitos más privados que hay. A medida que nos hemos ido civilizando, las necesidades animales y biológicas como evacuar las heces y la orina, mantener relaciones sexuales, asear nuestro cuerpo y también dormir, se han convertido en actividades cada vez más íntimas. Pero no siempre fue así en la historia de la humanidad.

En la prehistoria y hasta la Edad Media, los lechos eran más bien lugares de descanso colectivo. La tribu habilitaba espacios cubiertos de paja y otros materiales cómodos para poder descansar. Estar cerca unos de otros les daba seguridad y los protegía de los posibles enemigos naturales (frío, depredadores...) La desnudez y las actividades copulatorias no eran tan tabú como hoy en día.

Hasta los siglos XVI y XVII, la cama fue un curioso lugar de socialización, muy distinto al que ahora conocemos. Era habitual que durmieran juntos los miembros de la misma familia, el señor con sus criados o la dama con sus doncellas; a los invitados, se les hacía un hueco para que pernoctaran en el lecho común. Esto se sabe por los textos de buenas costumbres de la época.

En el siglo XV se prescribía lo siguiente: "Si ocurre que por la noche o en cualquier otro momento tienes que acostarte con una persona de rango superior, pregúntale qué lado de la cama le gusta más y acuéstate tú en el otro lado para dar prueba de tu educación. Una vez en la cama, estas son las reglas de cortesía que debes seguir: estírate y mantén rectas las piernas y los brazos. Cuando hayáis hablado todo lo que queréis, dale las buenas noches"

Otro del XVIII, indicaba:

"Cuando en un viaje tengamos que acostarnos con una persona del mismo sexo, no conviene acercarse tanto que podamos molestar al otro, o incluso tocarle; aún peor es meter las piernas entre las de la otra persona."

Sin embargo hoy en día nos resulta sorprendente que nuestro anfitrión nos invite a compartir su lecho porque esto puede dar lugar a malentendidos. Del cual, aún, no nos liberamos de los prejuicios homofóbicos y discriminativos, a todo contacto con personas de nuestro mismo sexo.

Siguiendo un poco de historia podemos observar ahora cómo están distribuidos los espacios en cualquier casa modesta de la actualidad. Existen dos ámbitos: los públicos y los privados. En el salón-comedor y en la cocina, los miembros del grupo preparan sus alimentos, los ingieren y socializan entre ellos. Los espacios más íntimos son el baño y los dormitorios.

En el baño el cerrojo es hoy obligatorio. Asearse y defecar las heces son actividades que nos gusta realizar a solas y, en todo caso, podemos compartirlas con personas muy, pero muy cercanas. Tal vez no sentimos tanta vergüenza de ducharnos, estar desnudos e incluso sentarnos en el inodoro, en presencia de nuestra pareja o de alguna amistad muy íntima. Pero en general, para realizar todas estas actividades ponemos el cerrojo. Cuando ocurre que en la calle tenemos que orinar, cambiarnos la ropa interior o las toallas higiénicas y cosas así, nos avergüenza y corremos urgente a buscar un lugar privado para hacerlo. La vergüenza es la que nos obliga a buscar un lugar donde nadie nos vea. Esto no era así hace algunos siglos: nuestros antepasados no se sonrojaban por realizar estas actividades en público. Ni acompañaban con risitas cualquier alusión a ellas.

Los dormitorios son también hoy espacios bastante privados. Suelen tener un cerrojo, aunque no de modo tan imperativo como en el baño. Según la norma que implícitamente rige las relaciones familiares, si no tienes pareja, duermes en una cama de 80 ó 90 cm. de ancho. Excepto los niños, a quienes ocasionalmente podemos acostar juntos, la gente duerme sola si no tiene pareja reconocida. Se supone que hasta que te cases, no necesitas una "cama de matrimonio", cama de dos plazas. Esto es especialmente duro para los adolescentes y para las personas que, estando en edad de mantener relaciones sexuales, no disponen de su propio espacio; se supone que sí quieres desarrollar una vida íntima necesitas irte del núcleo familiar. No son muy comunes las familias en las que se permiten más de una "cama de matrimonio".

Para las relaciones más estables la "cama de matrimonio" también suele provocar problemas, por una razón muy sencilla: aunque se ame a la pareja, posiblemente no se desee dormir siempre con él o ella. Puede que alguna noche se necesite nuestro propio espacio porque se quiere leer, meditar o hacer lo que se desee en soledad. Puede que nos encante hacer el amor y compartir la intimidad con la pareja, pero se odie sus ronquidos y se prefiera descansar a solas. De hecho, todos los estudios indican que el sueño suele ser más reparador en soledad que en compañía. Pero como se tiene pareja se supone que se debe acudir a la "cama de matrimonio", institucionalizada como obligatoria. Esto provoca con frecuencia problemas y discusiones en los matrimonios con menos recursos. Los de la burguesía y la nobleza siempre lo han tenido bastante claro, y cada uno ha poseído sus propios "aposentos". Para las clases medias y bajas el espacio disponible es más limitado. Ya que la mayoría de las veces ni siquiera se dispone de una habitación privada, como es el caso de la película “Todo es cancha”, donde a falta de privacidad y intimidad, lo privado se termina haciendo público.

Por este motivo la culminación de un proceso de transformación social, económico y jurídico que influyó poderosamente en las formas de habitar la ciudad y la casa, tuvo como resultado más sobresaliente la constitución de la casa en Hogar; entendiéndola como el espacio primordial para una nueva familia celosa de su privacidad e intimidad y en una búsqueda creciente por la comodidad. No obstante para que esto suceda la ciudad tiene que ser capaz de ofertar opciones de vida urbana suficientes para mantener a buen resguardo la casa; son los equipamientos urbanos los que desempeñan esta función.

Paulatinamente la casa se fue convirtiendo en lugar privado. No sólo influyó en esto la separación del lugar de residencia del trabajo, sino la transformación de ideas con respecto a la pareja, al cuidado de los hijos, la educación, etcétera. La casa pública feudal desemboca así en la casa particular familiar moderna. Este cambio fue físico y emocional, la casa se fue haciendo cada vez más pequeña y menos pública, junto con la modificación del tamaño y el tipo de ambientes al interior de la misma. La casa ahora es una protección contra los intrusos, es el centro de la nueva unidad familiar.

En este momento histórico, la habitación propia es el espacio de ilusión, y este deseo de un rincón propio es la expresión de un sentido creciente de individualidad y de un sentimiento de la persona. En el espacio privado es donde puede verse todo lo que está en juego, se materializan las miras del poder, las relaciones interpersonales y la búsqueda de sí mismo. Por esta razón no es sorprendente ver que la casa adquiriera tal importancia en la pintura, el cine y la literatura. Los Jardines soleados de Monet, la Ventana entreabierta de Matisse, la Habitación de Vincent de Van Gogh, el Chacotero sentimental de Cristián Galaz, Casa Tomada de Julio Cortazar, entre otras. Vemos entonces como el arte penetra en la casa y va sugiriendo sus secretos.

La construcción del hogar fue entonces, la redefinición de que es lo público y lo privado, que ya no son opuestos sino complementarios. El ciudadano, como sujeto de derechos y obligaciones es en todo esto el protagonista principal y como tal puede ejercer y exigir su derecho humano. Y como humano ejercer con libertad y privacidad su derecho sexual, una sexualidad digna, responsable y placentera.

Pero ahora surgen plantearnos otros interrogantes ¿Qué pasa con el sexo cuando los hijos duermen en la misma pieza, cuando no hay dinero para pagar las cuentas, cuando los vecinos pueden escuchar? ¿Qué pasa con el amor, cuando la sexualidad se convierte en un problema?

Por ejemplo en los geriátricos, existe una gran falta de privacidad, por lo que muchos adultos no pueden masturbarse o tener sexo con su pareja en algún lugar cómodo, lo que los lleva a elegir las duchas u otros lugares inapropiados para la práctica sexual, sobre todo en la gente adulta.

Por esto mismo, algunos geriátricos comenzaron a tratar este tipo de problemas. En Escocia, por ejemplo, ahora se permite a los residentes de clínicas de reposo concurrir a un lugar bien aislado para tener sexo con su amante, incluso si este es del mismo sexo.

Muchos internados reclaman el derecho a la privacidad que tiene cada ser humano, sobre todo porque logran encontrar el amor en sus clínicas de reposo, con algún otro paciente.

Los problemas concernientes al sexo de los adultos mayores son todo menos simple. Tienen que ver con el espacio, la privacidad, el dinero, pero por sobre todo porque son muchas las creencias y prejuicios acerca de la sexualidad de los adultos mayores. Los mitos y prejuicios son construcciones culturales que forman parte del Imaginario Social y al formar parte de este, dictaminan el comportamiento esperado y de cómo debe ser para cada individuo según el grupo al que pertenece. En el caso de los Adultos Mayores, se espera que al entrar en la etapa jubilatoria deje de tener proyectos, actividades, deseos y necesidades sexuales.

La pauta de comportamiento esperada es marcada desde cada ámbito social. En lo económico laboral, aquellos que alcanzan la jubilación comienzan a llamarse clase pasiva. Dentro de la familia se espera que estén predispuestos a cuidar a los nietos. Los medios de comunicación lo muestran jugando un dominó interminable. En general, no se prevén espacios para que propongan ideas, ni se considera la posibilidad de encontrar en ellos la ilusión del amor ni la intensidad de la pasión.

En los casos de Escocia y Dinamarca, apuntan por sobre todo al valor terapéutico del sexo, ya que sus especialistas creen haber comprobado que los adultos sexualmente activos, viven más tiempo, y con mayor salud, que aquellos que no lo son.

Sería entonces de excelencia que nosotros como latinoamericanos de “Sangre caliente”, como suelen decirnos, demos a la sexualidad el lugar, el espacio y el valor que se merece. Permitiendo la igualdad de oportunidades para que todos puedan beneficiarse del desarrollo de una sexualidad digna y plena.

“En una oscura noche, con ansias, en amores inflamada, ¡Oh, dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada”.

Juan de la Cruz en Noche Activa del sentido



Lic. Maria B. Romero



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